Bucear después de volar

Abrimos este nuevo post ya que en numerosas ocasiones nos han realizado esta pregunta. Veremos si se puede bucear después de volar ya que algunos buceadores principiantes confunden o asemejan este hecho con la creencia de que ello podría generar los mismos problemas que volar después de bucear.

Por supuesto que se puede bucear después de volar

El buceo tras un vuelo

Claro que sí. Podemos realizar una, dos o tres inmersiones tras aterrizar en cualquier lugar donde podamos sumergirnos en el mar. No hay ningún problema con ello, así que en tu próximo viaje ya sabes: puedes ir del aeropuerto a tu dive center y alegría… ¡a mojarse!

En este breve post simplemente vamos a aclarar y analizar, para que quede bien claro, por qué no hay ningún problema con ello y por qué nada tiene que ver con la inversa de tomar un vuelo tras haber realizado una inmersión sin cumplir los tiempos de seguridad, en superficie.

Pensemos en qué ocurre cuando buceamos después de haber volado:

Venimos de un viaje en avión, es decir venimos de estar unas horas a una altitud de unos 35000 pies (los aviones, por lo general vuelan a esta altitud, en torno a los once kilómetros). Como buceadores nos interesa la presión ambiente a la que estamos durante el vuelo.

Sabemos que a nivel del mar tenemos una presión ambiente de una atmósfera o como solemos decir, un kilo de presión. Por lo que cuando ascendemos por encima del nivel del mar esta presión comienza a disminuir. También sabemos que la presión disminuye a un ritmo mucho menor al que incrementa cuando nos sumergimos, debido a que el aire tiene una densidad mucho menor a la del agua. Todo esto lo debemos conocer desde nuestro primer curso de buceo.

Podríamos calcular sin ningún problema la presión atmosférica que soportaríamos a esos once kilómetros de altitud a la que los aviones comerciales realizan sus vuelos pero, realmente, no nos importa demasiado a estos efectos ya que también somos conocedores de que las cabinas de los aviones comerciales están presurizadas. Concretamente están presurizadas a 0,82 kilos, que es la presión a la que estaríamos en lo alto de una montaña de 1800 metros. Como ya suponíamos es una presión que no difiere demasiado respecto al kilo de presión que tenemos a nivel del mar (dicho esto, en comparación con los importantes cambios de presión que sufrimos al descender cuando estamos buceando).

No asimilamos el nitrógeno durante el vuelo

Aquí está la respuesta al asunto. Durante el vuelo, al igual que nos ocurre en una montaña o al igual que nos ocurre a nivel del mar, nuestro organismo no toma el nitrógeno que contiene el aire que respiramos. Sabes de tu primer curso que realmente no es que no lo tome, sino que lo mantenemos en unos niveles normales y no afecta de forma alguna a nuestro cuerpo. Es decir, a nuestro organismo le da igual permanecer a nivel del mar que en lo alto de una montaña o en vuelo de 12 horas de duración. No pasa nada.

Es por ello que, con toda seguridad, podremos bucear después de volar ya que nuestro organismo comenzará a absorber y disolver nitrógeno en nuestros tejidos cuando empecemos a bucear y lo hará del mismo modo que en cualquier otra inmersión, como ya conoces y según los procesos de saturación, sobresaturación y desaturación.

No obstante debemos saber que si nos hemos sometido a un vuelo largo deberíamos esperar un día entero o al menos doce horas para bucear descansados, aclimatados, rehidratados y habituados al nuevo horario, clima y latitud. Nuestro cuerpo no es una máquina tan perfecta y es cierto que tras vuelos largos, cambios de continente y otras variables podría ocurrir que nos situásemos en condiciones no óptimas para el buceo. Así que… Tras viajes largos, por nuestra propia seguridad, mejor ¡bucear al día siguiente!

Pero lo que nunca podemos hacer es volar después de bucear. ¡Mira por qué!

Volar después de bucear

Cuando vamos a viajar siempre nos viene a la cabeza la cuestión de volar después de bucear. ¿Podemos? ¿Cuándo podemos? ¿Por qué era? ¿Qué dicen los expertos? Como buceadores y buceadoras, todos lo aprendimos en nuestra formación y de hecho es un aspecto que debemos tener muy en cuenta siempre, ya que es un asunto muy serio.

No podemos volar después de bucear. Claro que no. La respuesta es muy tajante ya que puede comprometer seriamente nuestra salud.

No volar después de bucear

¿Se puede volar tras bucear?

Ya hemos dicho de forma tajante que no. No debemos tomar un vuelo después de haber realizado una inmersión. Pero claro, hemos de recordar bien lo que aprendimos en nuestras formaciones de buceo ya que el asunto no es tan desconcertante. Y es que no se trata tanto de si podemos o no tomar un vuelo después de bucear sino de cuándo podemos hacerlo. Ahí está la clave. Cuánto tiempo ha de pasar desde que salgo del agua hasta que despega el avión. Eso es lo verdaderamente importante. Aquí dejamos la respuesta para tenerlo bien claro:

Cuándo podemos volar después de un buceo

Si hemos realizado una inmersión recreativa debemos esperar doce horas, al menos, antes de volar tras bucear.

Si llevamos varios días buceando, hemos realizado inmersiones continuadas o acumulamos dos o más inmersiones sucesivas tendremos que esperar, como mínimo, dieciocho horas en superficie.

Si hemos realizado algún buceo con descompresión tendremos que esperar, como mínimo, un día entero (24 horas) antes de tomar un avión. Cualquier buceo que haya requerido una parada de descompresión, planeada o por emergencia. No se incluye en este supuesto la parada de seguridad que debemos realizar en el buceo recreativo, cuando nos aproximamos a los límites de no descompresión.

El porqué de estas normas para volar después de una inmersión

La acumulación de nitrógeno en nuestros tejidos mientras buceamos, a causa de los incrementos de presión ambiente a la que nos exponemos en el buceo. Sabemos que el nitrógeno que absorbe y contiene nuestro organismo mientras buceamos sigue estando presente cuando salimos del agua. Fenómenos de saturación, sobresaturación y desaturación.

Mientras ascendemos al finalizar nuestras inmersiones y en los intervalos de superficie, nuestro cuerpo comienza a liberar ese nitrógeno que, de forma natural, expulsamos al aire con nuestras exhalaciones gracias al intercambio gaseoso que se produce en los pulmones. Pero sabemos por nuestra formación en qué consiste la enfermedad descompresiva. Conocemos que es la principal motivadora de la mayoría de las normas básicas en el submarinismo, como por ejemplo:

  • No superar los límites de no descompresión, en buceo recreativo.
  • Planificar correctamente y cumplir las paradas de descompresión, en el buceo técnico.
  • Respetar, en todo momento, la velocidad de ascenso.
  • Cumplir los intervalos de superficie planificados entre inmersiones.

Y… no planear un buceo a las once de la mañana y una excursión de montaña después de comer, en el mismo día.

Al ascender a mayores altitudes favorecemos que el nitrógeno, que todavía contiene nuestro organismo, salga de nuestros tejidos y nuestra sangre formando burbujas al pasar a zonas con menor presión ambiente. Estaríamos comprando boletos para la rifa de la enfermedad descompresiva. Es el mismo motivo por el cual no debemos volar después de bucear.

Al igual que debemos respetar los tiempos de intervalo en superficie entre inmersiones sucesivas, tendremos que respetar estos «intervalos sin altura» de doce, dieciocho o veinticuatro horas antes de coger un avión.

Lo que dicen los expertos acerca de volar tras bucear

Hasta hace no demasiados años se creía que no podíamos volar tras bucear sin dejar pasar, al menos, veinticuatro horas. Sin embargo los últimos estudios, que se basan en la evidencia empírica, han permitido a la comunidad de buceo concretar más estos tiempos de desaturación de nitrógeno en nuestros organismos. Las certificadoras, las asociaciones de buceadores y los organismos de buceo como DAN suscriben y se acogen a los nuevos tiempos, más cortos, a tener en cuenta antes de poder volar tras haber practicado submarinismo.

No hay evidencia alguna que relacione la probabilidad de sufrir enfermedad descompresiva con tomar un vuelo si se respetan los límites, antes mencionados, de doce y dieciocho horas (según el caso) en el buceo recreativo y de 24 horas, en el caso de haber tenido que realizar alguna parada de descompresión.

Conclusiones de volar después de bucear

Como en el buceo siempre es mejor pecar de pasarse que de no llegar y nunca nos va a influir negativamente el ser más restrictivos con nuestras decisiones, creo que el asunto no nos complica demasiado la existencia. Además vemos que las diferencias de tiempo no son tan significativas como para ponernos a llorar; mucho menos si las tenemos en cuenta en el ambiente recreativo que nos atañe. Podemos volar seguros si nos acordamos de lo siguiente:

  • 12 horas si hemos realizado un buceíto.
  • 24 horas si hemos realizado varios o llevamos varios días haciendo inmersiones.

Si queremos simplificar todo un poco más, creemos que tenemos algún factor más que pudiera favorecer la enfermedad descompresiva o hemos rozado los límites en alguna de las inmersiones, son unas vacaciones de buceo o cualquier aspecto que nos haga pensar que debemos permanecer más restrictivos, nos curamos en salud si mantenemos esta premisa: Volar después de que hayan pasado al menos, veinticuatro horas tras nuestra última inmersión. Lógico, sencillo, seguro y fácil de recordar ¿no?

Recuerda que debes tener las mismas consideraciones a la hora de ascender a altitudes elevadas.

Subir al Everest, al Teide o al Moncayo tras haber buceado, tampoco es una buena idea.

Toda subida que suponga ascender por encima de los 800 metros de altitud debería ser considerada igual que un vuelo, de cara a la seguridad de una persona buceadora. Además si debemos subir cualquier puerto de montaña tras haber buceado, es muy recomendable esperar un par de horas a nivel del mar antes de partir. La seguridad está siempre por encima de todo.

Tras las normas, la lógica y tu buen juicio como buceador es lo que cuenta.

Debemos cumplir las normas de buceo por nuestra propia seguridad, siempre. Pero… ¿si he realizado un buceo y sale mi avión justo doce horas después? y ¿si he realizado tres buceos y el vuelo sale justo tras 20 horas? o ¿si he cogido unas vacaciones de buceo en las que voy a bucear a diario tres inmersiones hasta el día previo al vuelo de vuelta?

Este tipo de casuística se da, muy a menudo de hecho. En todos los casos se cumplen las normas pero a veces nos podemos sentir temerosos con ello, por rozar demasiado el límite acordado. Hemos de saber que estos tiempos ya contemplan unos márgenes de error, como toda conclusión que proviene de la estadística. Estamos seguros cumpliendo los tiempos establecidos. Pero…

  • Puedes realizar ese buceo a una menor profundidad de la planeada. Estar un menor tiempo de fondo…
  • Puedes planificar esa serie de buceos con unos límites más restrictivos y estando más lejos de la no deco.
  • Puedes realizar una parada de seguridad «obligatoria» aunque no lo sea.
  • Realiza los ascensos a una velocidad más lenta que la establecida.
  • Introduce factores de restricción a tu ordenador de buceo.
  • Hidrátate muy bien, descansa muy bien y no consumas bebidas alcohólicas esos últimos días.
  • No realices ejercicio físico duro durante esa semana de buceo.

En definitiva, son muchas las cosas que podemos hacer para minimizar ese riesgo que puede estar en nuestra cabeza, aún teniendo el vuelo dentro de los tiempos establecidos, para una mayor seguridad.

Esperamos que haya bien claro este tema y en el siguiente post del blog hablaremos de otra cuestión que, muchas veces, alguien se pregunta. Veremos si se puede bucear después de volar.

Problemas con la máscara de buceo

En este post voy a contar una mala experiencia que tuve con algunos problemas en la máscara de buceo hace ya algunos años. Digo bien, realmente fue una mala experiencia ya que realmente, no fue un problema de buceo. Creo que contar y comentar este tipo de eventualidades negativas siempre es bueno porque otros buceadores podemos aprender constantemente de las experiencias de otros.

Siempre hablamos de las cosas buenas, todo lo que nos aporta el submarinismo en términos positivos, lo que nos muestra el océano, lo que nos enseñan los mares y lo grande, perfecto y maravilloso que tiene el mundo subacuático pero hemos de valorar también estas «historietas del abuelo cebolleta» como positivas.

¿Por qué?

Porque en el fondo son otro modo de aprendizaje. En los cursos de buceo aprendemos la teoría fundamental para poder practicar esta gran actividad. También en las prácticas y en las inmersiones que vamos realizando a lo largo de nuestra vida vamos aprendiendo mucho, obtenemos experiencia y pasamos por diferentes situaciones que, de forma continua, nos siguen formando como buenos buceadores.

Pero es imposible saberlo todo. Como ocurre con todo en la vida, no podemos pasar por todas las experiencias y situaciones que se pudieran dar. Por ello es clave el hecho de poder nutrirnos de lo que contamos los demás. Cuando ya tienes una experiencia base no es difícil ponerte en situación y hacer como tuyas esas experiencias que los demás buceadores te van aportando.

Por ello es fundamental hablar con otros buceadores y compartir buceo, comentar sobre inmersiones del pasado, contar algunos detalles o generar diálogos acerca de situaciones que se han vivido, aunque no sean muy comunes. Para ello está nuestro blog de buceo.

La máscara y los efectos de la presión hidrostática

Todo transcurre en el año 2015, en nuestro viaje a la Polinesia Francesa. Llevábamos ya tres días de buceo en la isla de Rangiroa realizando inmersiones dentro y fuera del atolón. La vida acuática en Polinesia es una pasada, en cualquier playa, cualquier zona cercana a las rocas puedes ver todo tipo de peces tropicales, familias y bancos gigantes de peces de todos los colores y tamaños.

Puedes ver las fotografías si me sigues en Instagram. Soy @DavidToDive

La máscara de buceo y la presión

Los buceos en apnea mientras realizas snorkel son más que suficientes para disfrutar de la vida acuática en Polinesia. Rayas, peces trompeta y tiburones de arrecife se pasean a tu lado mientras te bañas en una playa a un metro de profundidad. Es así. Pero Rangiroa tiene algo muy característico y es que en sus pasos (Avatoru y Tiputa) puedes bucear con delfines y tiburones siempre que lo desees. Si buceamos cinco días allá, los cinco días fuimos a visitar a nuestros amigos.

El caso es que en nuestro cuarto día de buceo, otros buceadores nos comentaron que debíamos ir a la cara norte del paso de Tiputa, a unos 50 metros de profundidad había más de doscientos tiburones merodeando la zona. ¡Había que ir a verlo! ¡Cómo no!

Empezamos nuestra inmersión perfectamente, hicimos un rápido descenso porque íbamos a apurar los límites de profundidad ya que bajando a 40 metros podíamos estar muy poco tiempo observando a los tiburones que estaban todavía más profundo. Todo perfecto, pero he de decir que era la primera vez que descendíamos hasta el límite y también fue la primera vez que realizábamos un descenso tan rápido. Ningún problema al compensar los oídos, nada de cansancio porque la corriente nos ayudaba pero al bajar más rápido de lo que estábamos acostumbrados y al descender a tal profundidad empece a notar un placaje excesivo de la máscara en mi cara.

Había experimentado esta sensación que todo buceador conoce. La máscara, por efecto de la presión nos hace un placaje en la cara, que debemos compensar expulsando un poco de aire por nuestra nariz. Hemos de meter un poco de aire en ese espacio para suplir la reducción de volumen de aire, mientras incrementa la presión ambiente. Pero nunca había experimentado que ese placaje podía llegar a ser tan «heavy».

Aquí puedes saber más acerca de los efectos de la presión en el buceo.

El caso es que miré el ordenador y marcaba ya los 32 metros de profundidad, la máscara me apretaba demasiado en la cara, soltaba aire por mi nariz y notaba alivio pero la máscara seguía demasiado pegada a mi cara y además se me comenzaba a empañar la máscara. Un poco de agobio: los tiburones de ahí abajo, la primera vez que vamos a apurar tanto la profundidad, estamos lejos de casa si algo pasa, no dominamos el francés, ese tiburón martillo enorme que nos siguió un tiempo, ese azul oscuro tirando a negro que se ve por debajo…

Era todo genial pero cuando es la primera vez que haces algo y surge un pequeño problema, la cabeza empieza a dar vueltas. Ese pequeño agobio te pone algo nervioso. Intentas disfrutar de tu inmersión, sacar vídeos y fotos de los tiburones de ahí abajo, continuar el buceo normalmente pero no; el placaje de la máscara y los demonios de tu cabeza hacen que no sea una inmersión normal.

He de solucionar de inmediato el tema de la máscara me dije. Hasta que no eliminase esa pequeña molestia sabía que no iba a ser una inmersión cómoda. Ok, no hay problema. Me dí cuenta de que la máscara estaba algo más apretada de lo normal, porque había comprobado y centrado bien la tira antes de sumergirnos y quizás la habría dejado algo más apretada. Estábamos en el limbo, nuestros ordenadores marcaban ya los 36 metros de profundidad y yo quería aflojar un poquito la tira de mi máscara. Bien, me la quito, la aflojo, me la pongo, la vacío y a seguir. Eso fue lo que me dije y eso hice.

Pero en ese momento olvidé que la presión a 40 metros no tiene nada que ver con cuando te quitas y te pones la máscara a diez o doce metros. El agua empieza a entrar a cholón por los caños de tu nariz. Quieres expulsar aire por tu nariz pero no, no. El agua quiere entrar con bastante más fuerza de lo que tú expiras.

Claro, jamás había notado esa sensación. El pequeño agobio subió un nivel. Afloje la tira un poquito, me puse la máscara rápidamente y la vacié (aunque recuerdo que también me costó vaciarla más de lo «normal»). Seguimos buceando. Yo asciendo un par de metros y continuo buceando por encima y cerrando al grupo (sólo eramos cinco). En ese momento ya me daba igual la cámara de fotos, los tiburones y que la inmersión llegase a su fin. Estaba con menos aire que el resto (por los momentos de agobio que pasé) y la máscara me seguía molestando.

Aflojo la tira de la máscara un poco más, pero esta segunda vez sin quitármela de la cara. ¡Ya está! pensé; a disfrutar lo poco que me quede inmersión. Ahora sí estoy cómodo. Bien, no me duró en la cara ni cinco minutos. Un golpe de corriente me la quería retirar, estaba demasiado floja. Procedo a ajustarla y… otra vez. Otra vez ese agua queriendo entrar a presión por mi nariz. Pensé que se había roto la silicona del faldón, me la ajustaba con la mano a la cara y seguía entrando agua. Se ha tenido que romper pensé. El nerviosismo aparece, el agobio sube otro nivel. Mi consumo de aire se dispara mientras intento exhalar el aire de mi nariz con mayor fuerza de la que el agua quería entrar.

Aparece la guía de la inmersión frente a mí. Le comunico el problema (ella me estaba viendo exhalar muchas burbujas por mi nariz, claro. Algo no iba bien con la máscara). También ella pensó que podía estar rota por la parte de la silicona que bordea la nariz. La apretaba contra mi cara, seguía ocurriendo lo mismo. Indicó que me pinzase la nariz, dio el fin de inmersión y comenzamos un ascenso muy lento para hacer la parada de seguridad.

Yo ya estaba perfecto, la máscara llena de agua pero sin la molestia del placaje y sin luchar contra la presión con mi nariz. Era sencillo, sólo había que pinzarse la nariz. Pero una experiencia nueva, en una situación nueva, haciendo determinadas cosas por primera vez, nervios, algo de agobio, la corriente, esa sensación físicamente rara del agua a presión queriendo entrar por tu nariz. Todo ello, en su conjunto, no me dejó ver algo tan sencillo: pinzarse la nariz. Es de cajón, ¿verdad?

Fueron segundos, a mí me parecieron varios minutos. Fue un pequeño problema bien solucionado, a mí me pareció un mundo. No llegue a tener miedo, mi objetivo era llegar a la cota de los 12 o 15 metros y bucear sin máscara (ya lo había hecho) pero esa sensación de que el agua entra en tu nariz con tanta fuerza sí me puso bastante nervioso por un tiempo. Experiencia de buceo.

Siempre hemos de comprobar el correcto funcionamiento del equipo y su comodidad para la inmersión. Sobre todo si la inmersión va a ser profunda.

Otra experiencia poco común fue cuando me picó el Bicho de la Restinga.