Cómo proceder en primeros auxilios

Conociendo las diferencias entre los cuidados primarios y secundarios, teniendo el esquema de la cadena de supervivencia en nuestra mente y habiendo internalizado los aspectos básicos del curso, ante una situación de emergencia vamos a analizar la forma correcta de proceder a la hora de asistir mediante los primeros auxilios. En tu curso practicarás y tu instructor guiará el desarrollo de éstas habilidades para que no te quede duda alguna en cómo actuar.

Analizar la situación: parar, pensar y actuar

Ante cualquier escenario de emergencia siempre debemos tomar esta norma en primer lugar. Parar unos segundos, analizar el escenario, pensar y después actuar. Ya sabemos que si la situación es grave o se torna grave uno de los principales aspectos es la rapidez. Ante una situación grave el tiempo juega en nuestra contra.

Parar, pensar y actuar

Pero también debemos saber que parar unos segundos y pensar antes de actuar se traducirá en una actuación mucho más eficiente y seguro evita pérdidas de tiempo posteriores, mucho mayores.

¿Ante qué situación estoy? es la pregunta clave. Accidente de tráfico, caída de alguien en una acera, en un paso de peatones, una accidente en una obra, un posible ahogamiento en una piscina, en el mar, una pelea en un bar, un accidente de buceo, un desmayo en un partido de fútbol, la caída de un rayo en una tormenta, un accidente doméstico en la cocina, un posible electrocutado…

Son muchas las posibilidades de escenario que nos podemos plantear y nuestra cabeza debe ser ágil para determinar cómo actuar en cada caso. Conociendo el escenario podré responder de la forma correcta a las siguientes cuestiones:

  • ¿Sigue habiendo algún peligro? He de analizar rápidamente si puede haber algún peligro adicional para la víctima y para mí mismo, como rescatador, o las personas que rodeen el escenario. Hemos de protegernos y proteger a la víctima antes de iniciar los primeros auxilios de emergencia.
  • ¿Con quién cuento? Puedo analizar si tengo ayuda para colaborar en ese escenario de emergencia. Por ejemplo puede haber otra persona con estos conocimientos y me podrá ayudar en la RCP, puede haber alguien que pueda llamar a los servicios sanitarios mientras yo comienzo a aplicar las compresiones de la RCP o puedo asignar a una o varias personas la labor de que no se acerque nadie, que paren el tráfico, que me ayude a sacar a la víctima de otro peligro inminente.

En el curso se practican diversos escenarios para adquirir esta habilidad. Pensemos en situaciones como un incendio, un accidente de tráfico, un desmayado sobre un charco de agua con cables eléctricos cerca…

Debemos analizar el escenario, pensar y actuar después de haber pensado. Es una habilidad importante que hemos de adquirir en el curso, ya que de entrada lo normal es ponerse algo nervioso y primar las acciones para salvar a la víctima pero no, ya que en según qué situaciones nos estaremos exponiendo a ser otra víctima más. De ahí que la siguiente acción sea proteger.

Proteger

Protegernos a nosotros mismo y a la víctima

Ya nos hemos parado para ver y analizar la situación de emergencia a la que nos enfrentamos. El siguiente paso es proteger y para ello hemos de pensar en la víctima y en nosotros mismos y posible gente que nos rodee. No puedo atender correctamente a la víctima si esta inmersa en un escenario de peligro. No podemos hacer la RCP alado de un fuego, sobre un charco de agua con cables cerca sin haber desconectado antes la corriente, debajo de un árbol cuya rama nos puede caer encima, en una carretera por donde están pasando más coches, la ladera de una montaña donde puede haber desprendimientos…

Podemos imaginar muchos más escenarios y lo practicarás en tu curso. Lo importante ahora es quedarnos con esta idea: antes de actuar nos hemos de proteger.

«Ya tenemos una víctima, no queremos dos o más»

Declaración de socorrista: ¿Puedo ayudarle?

Le puedo ayudar, soy socorrista

Ya tenemos el escenario analizado, nos hemos organizado y nos hemos protegido de los peligros inminentes del escenario. Lo siguiente que debemos hacer es presentarnos como socorristas formados en primeros auxilios y preguntar a la persona a la que deseamos ayudar, si podemos hacerlo.

«Hola, mi nombre es Antonio y soy socorrista» ¿Puedo ayudarle?»

«¿Qué tal está? soy Juan y tengo formación en primeros auxilios ¿Permite que le ayude?»

Obviamente si la persona está consciente, nos responderá y lo más natural es que asienta y permita nuestra colaboración pero debemos saber que si se niega a ser atendido por nosotros, hemos de respetar esa decisión. Por otro lado, si la víctima del accidente no está consciente, obviamente, no nos responderá. En este caso debemos actuar elevando nuestra voz y dando unos toques en la clavícula de la víctima para asegurar si nos escucha o no. Si está inconsciente damos por hecho que la persona permite nuestra ayuda, ya que en este caso prima la vida y por ello nos protege la ley del buen samaritano.

Esta comunicación previa con la víctima ya nos está sirviendo para evaluar la situación de consciencia o inconsciencia de la víctima. Por lo tanto en este punto ya hemos comenzado la evaluación primaria.

Evaluación Primaria

Como ya hemos mencionado en el punto anterior, comenzamos evaluando la consciencia de la persona afectada.

  • Consciente: la persona atiende correctamente a nuestra voz. Puede comunicarse y por tanto respira y tiene pulso.
  • Inconsciente: la persona no atiende, no se mueve, no se comunica. En este caso hemos de pasar al siguiente nivel. Comprobaremos si esta persona:
    • Respira: la persona puede estar desmayada pero respirando normalmente (como dormida).
    • No respira: una persona que no respira entrará en parada cardiaca también, en muy poco tiempo.
    • Respira vagamente: trataremos el caso como si no respirase.
  • No nos detendremos a evaluar si tiene o no tiene pulso. Se decidió que podemos perder tiempo en encontrarlo, evaluarlo y comprobarlo. Hemos de saber que una persona que no respira puede tener pulso durante un tiempo pero con total seguridad esa persona va a dejar de tenerlo en un periodo muy corto de tiempo. Veamos a continuación cómo proceder en cada caso.

Persona consciente

Pasaremos a realizar la evaluación secundaria, que veremos después aquí. En su caso, pondremos a la persona en posición lateral de seguridad.

Persona inconsciente que respira

Seguiremos evaluando su estado ya que podría dejar de respirar (no lo sabemos). Así pues, seguiremos con la evaluación primaria que veremos después: identificar sangrado grave, shock o posible lesión de la médula espinal.

Persona inconsciente que no respira

Debemos iniciar la RCP y no dejarlo hasta que lleguen los Servicios Sanitarios profesionales, dispongamos de un DEA o se revierta la situación y la víctima vuelva a respirar y/o recobre la conciencia.

Jamás lo olvides ¡Llamar Primero!

Recuerda que es el primer eslabón de la cadena de supervivencia. Tras la rápida evaluación anterior, podemos llamar al 112 (o el teléfono de emergencia que corresponda al lugar donde nos encontremos) y comunicar el estado de la víctima. Diremos si está consciente o inconsciente, si respira o no respira y si hemos detectado un sangrado grave, un estado de shock o es posible una lesión de la médula espinal. Obviamente, si la RCP es necesaria (si la persona no respira) es primordial que nos pongamos a realizarla cuanto antes. De ahí que otra persona puede realizar la labor de llamar a los servicios profesionales sanitarios mientras comenzamos con la RCP.

Poner barreras

Barreras de contacto

En el curso se habla y se muestran diferentes tipos de barreras. Pero lo importante ahora es que esta acción quede dentro de este esquema mental que debes tener como socorrista. Antes de actuar, si disponemos de barreras hemos de aplicarlas. Hablamos de barreras que nos protegen a nosotros y a la víctima, como pueden ser unos guantes de látex o nitrilo para evitar el contacto directo con fluidos corporales y/o heridas y cortes. También conocerás otro tipo de barreras que denominamos de ventilación; como las mascarillas de ventilación o los dispositivos de barrera boca a boca.

Es decisión nuestra realizar o no las respiraciones artificiales ante una emergencia. Debemos saber que está demostrado que las posibilidades de contagio de enfermedades son mínimas y que la RCP es mucho más efectiva si la realizamos completa, es decir, no sólo con las compresiones. Pero es decisión nuestra el no aplicarlas si carecemos de estas barreras de ventilación. Las conocerás, practicarás con ellas en tu curso y siempre es aconsejable disponer de ellas en todo botiquín de primeros auxilios. Tanto la mascarilla como las barreras boca a boca permiten que podamos dar las ventilaciones de rescate a una persona sin tener contacto alguno con su boca o nariz.

Si no damos las respiraciones artificiales, sí hemos de proceder igualmente con las compresiones del corazón. Esas compresiones permiten que siga llegando sangre, cargada de oxígeno, a los órganos de esa persona en parada.

El siguiente vídeo nos muestra cómo debemos ponernos y quitarnos los guantes:

Iniciar RCP

Si la persona está inconsciente y no respira, ya hemos llamado a los servicios sanitarios profesionales (o están llamando) y ya nos hemos protegido mediante las barreras, debemos iniciar la RCP. Recuerda lo que vimos en los aspectos fundamentales, ten en cuenta las indicaciones de tu instructor y ten decisión de que lo estás haciendo correctamente y lo has practicado varias veces.

Esta es la secuencia del ciclo de asistencia:

Abrir la vía aérea

Recuerda la maniobra Frente-Mentón para tumbar la cabeza de la víctima hacia atrás mientras abrimos su boca, moviendo la mandíbula hacia abajo. Comprueba a continuación el estado de la víctima (respira o no respira) recordando la frase «ver, oir, sentir». Ya que colocando nuestra mejilla pegada a la boca de la víctima podremos:

  • Ver: si se expande el pecho de la víctima
  • Oir: la respiración ya que nuestra oreja se posiciona cerca de la nariz y la boca de la víctima
  • Sentir: el aire que exhala la víctima al respirar, si es que lo está haciendo

Compresiones

Recuerda que hemos de aplicar 30 compresiones al ritmo de 100 por minuto y:

  • En la zona central del pecho, donde termina el esternón (entre ambos pezones) de la víctima
  • Con nuestros brazos encajados (como si fueran dos palancas)
  • Correctamente posicionados para aplicar la fuerza necesaria (ayudándonos con el cuerpo si es necesario)
  • Sin cesar (es conveniente estar dos personas para turnarnos y no cansarnos)

Ventilaciones

Hemos de hacer dos respiraciones artificiales efectivas y para ello recuerda:

  • Mantener abierta la vía aérea de la víctima (cabeza atrás y mentón hacia delante)
  • Sellar completamente los labios de la víctima mientras mantenemos su nariz pinzada o mantener la mascarilla bien sellada a la boca-nariz de la víctima
  • Debemos comprobar que las ventilaciones son efectivas (hemos de ver que se expande el pecho de la víctima)

Continuar con otras 30 compresiones

Se cierra el ciclo y debemos continuar del mismo modo hasta que:

  • Dispongamos de un DEA (Desfibrilador Automático)
  • Lleguen los servicios profesionales
  • Se revierta la situación y se recobre la vida de la víctima

No olvidar: ¡comprobar las tres S!

El ciclo de la asistencia de cuidados primarios incluye asegurarnos de las tres S:

  • ¿Sangrado grave?
  • ¿Shock?
  • ¿LeSión en médula espinal?

En el curso verás como tratar cada caso, tu instructor te guiará con ejemplos y los practicarás para adquirir esta habilidad. De forma didáctica y esquemática, por el momento debemos quedarnos con este esquema gráfico:

Esquema de Atención Primaria en auxilios de emergencia

En el siguiente vídeo, de la mano de Cruz Roja, podemos observar la correcta aplicación de la técnica de RCP o Resucitación Cardio-Pulmonar:

El Sangrado Grave

Un sangrado grave también pone en peligro directamente la vida de la persona. Debes recordar que nuestro cuerpo contiene en torno a seis litros de sangre, por lo que un sangrado grave (como podría ser el corte de una arteria o una herida profunda) puede dejar sin pulso a una persona en pocos minutos.

Aprenderás a tratar un sangrado grave en tu curso de primeros auxilios, pero a modo esquemático debes recordar:

  • Las diferencias entre el sangrado arterial y el venoso: en el primer caso la sangre es de un rojo más brillante y se puede apreciar la mayor presión de salida de la sangre al ritmo del pulso. En el segundo caso el sangrado es más continuo y la sangre es más oscura.
  • Se debe presionar la herida o el corte, justo en la zona de sangrado, aplicando una gasa o varias y debemos mantener la presión de forma constante.
  • No debemos retirar las gasas o paños que hayamos aplicado. En caso necesario debemos aplicar más, encima de las previas sin eliminarlas.
  • Debemos elevar el miembro dañado si se trata de una zona distal. Por ejemplo si el sangrado es en el radio, elevaremos el brazo o si es en la zona de la tibia, elevaremos la pierna.

También aprenderás a realizar un vendaje compresivo para mantener esa presión en caso necesario. Por ejemplo si no disponemos de la ayuda de alguien y debamos administrar la RCP o si debemos transportar a la víctima a otro lugar.

Podemos estar ante un sangrado grave en casos diversos como pueden ser: una herida de bala, una fuerte caída que ha generado la fractura (abierta o no) de algún hueso, heridas graves con objetos punzantes o cortes graves en las zonas por donde pasan arterias o venas importantes.

Estado de Shock

Aprenderás también a atender un estado de shock en la víctima. Nos quedaremos aquí con los signos que nos harán sospechar de un shock:

  • Piel fría y pálida
  • Posible sudoración
  • Pulso rápido y débil
  • Fatiga respiratoria
  • Dolor de cabeza
  • Náuseas y/o vómitos
  • Sensación de frío
  • Aturdimiento, mareo, mirada perdida
  • Ausencia de respuesta, respuesta errónea o aturdimiento
  • Latidos rápidos y repentinos, lo que denominamos taquicardia
  • Dificultad respiratoria
  • Dolor en el pecho

Recordamos también los diversos tipos de shock que podemos identificar, según signos, señales y la información que nos pudiera proveer la víctima o el acompañante.

Shock hipovolémico

Normalmente causado por un sangrado grave. El sangrado puede ser el que estuviéramos tratando (punto anterior) o podríamos sospechar también de ello de un sangrado a nivel interno. El shock hipovolémico se produce por una pérdida importante de sangre. No le está llegando sangre (y por tanto oxígeno) suficiente a los órganos de la víctima y ese sangrado grave es el que provocará este shock. Ante accidentes con cortes graves, heridas profundas o golpes fuertes que pudieran afectar a nivel interno o incluso con fracturas óseas, podríamos toparnos con este tipo de shock.

Shock séptico

Este shock es el causado por una infección. Cualquier enfermedad en la víctima causada por una bacteria podría ocasionar también una pérdida de tensión. Ésta pérdida de tensión es la que origina este tipo de shock. Si la persona tiene una infección avanzada o no controlada, podríamos toparnos con este tipo de shock. Es más difícil encontrarnos con este tipo de shock, pero no está de más conocerlo.

Shock anafiláctico

El shock anafiláctico viene provocado por una reacción alérgica de la víctima. Determinadas toxinas, fluidos o sustancias de roces con animales, plantas, corales o también cortes, picaduras y determinadas ingestas de alimentos podrían causar un shock anafiláctico a una persona alérgica.

Shock neurogénico

Este tipo de shock se produce cuando existe algún fallo entre las conexiones del cerebro y el resto de nuestro sistema. Los vasos sanguíneos se dilatan y se produce un fallo en la circulación sanguínea, por lo que comienza a disminuir la tensión de la persona afectada.

Nos podríamos encontrar con este tipo de shock ante personas que tienen alguna patología cerebral pero también es común en situaciones de caídas graves o accidentes de tráfico, por ejemplo. En estos casos también debemos pensar en una posible lesión medular de la víctima.

Shock cardiogénico

Como el propio nombre indica, este tipo de shock tiene que ver con problemas serios en el corazón de la víctima. En este caso, los problemas cardiacos, como podrían ser un infarto, una parada o una angina de pecho, son la causa de que el músculo del corazón no sea capaz de bombear la sangre necesaria para el funcionamiento normal de nuestro sistema. Una vez más, la sangre que llega a los diferentes órganos y aparatos de nuestro cuerpo es insuficiente y se produce el shock.

Como hemos mencionado, nos podríamos topar ante este tipo de shock antes o después de un infarto de miocardio, por ejemplo.

Conociendo, muy por encima (recuerda que no somos médicos) los tipos de shock, en tu curso de primeros auxilios aprenderás a tratar este estado ante una situación de emergencia. Sigue las pautas de tu instructor, genera un esquema de actuación en tu cabeza y practica las veces que sea necesario preguntando todas las dudas que te surjan. No obstante, a modo de resumen puedes quedarte con estas pautas básicas a la hora de actuar:

  • Por supuesto, como en todos los casos anteriores: ¡Llamar primero! No olvides nunca esta premisa ya que es el paso más esencial. Cuanto antes informes de la situación, antes llegaran los servicios profesionales de salud. Es básico.
  • Tumba a la víctima, a poder ser sobre una superficie plana y sobre una manta, cartón o cualquier útil que le aísle del frío.
  • Eleva sus piernas entre 20 y 40 centímetros, mediante almohadas, sillas, libros o cualquier cosa que pueda servir.
  • Comprueba su nivel de conciencia y asegúrate de que respira con normalidad.
  • Facilita su respiración aflojándole la ropa, el cinturón o cualquier elemento que pueda molestar a tal fin.
  • Protege a la víctima del frío usando una manta, un abrigo o cualquier elemento que pueda ayudarnos a tal fin.

Debemos tener en cuenta también, siempre, las siguientes premisas:

  • No hemos de darle nada de comer o beber.
  • Si su nivel de conciencia está bien y respira con normalidad, le pondremos en posición lateral de seguridad.
  • Jamás hemos de dejar a la víctima sola.
  • No debemos ponerle junto a una fuente de calor directa.
  • No mover a la víctima excepto si es para protegerla o para ponerla en posición lateral de seguridad.

Podemos confundir un shock tras un desmayo o tras una bajada de azúcar en sangre ante cualquier situación de la vida cotidiana (en el trabajo, en el autobús, haciendo deporte en el gimnasio, paseando por un parque…). En estos casos la víctima repone su nivel de conciencia y podremos hablar con ella. Por ejemplo ante una bajada de azúcar en sangre o una lipotimia, sí puede ser conveniente ofrecer agua a la víctima y algo con azúcar que eleve sus niveles de glucosa.

Si por ejemplo, la víctima es una persona diabética insulinodependiente, podemos seguir sus instrucciones para encontrar y facilitarle su dosis de insulina.

Lesión en la médula espinal

Una lesión medular puede ser algo muy grave y por ello poner en peligro la vida de la víctima de forma directa. La atención de una lesión en la columna vertebral es muy delicada y por ello también necesitaremos a los servicios profesionales cuanto antes, al igual que en todos los casos anteriores.

Cualquier golpe fuerte o mala caída podrían producir una modificación en la disposición de las vértebras de la víctima. Sabemos que bajo las vértebras se encuentra la médula y que ésta es una parte fundamental y primordial para nuestra vida. El movimiento, torsión excesiva, giro brusco, fisura o fractura de alguna vértebra o zona vertebral podría producir daños severos en la médula de la víctima. Ésta situación puede ser muy grave. También puede ser revertida, pero desde luego, no con los primeros auxilios que nosotros podemos brindarle.

Debemos tener en cuenta, siempre, las siguientes consideraciones ante una posible lesión en la médula espinal:

  • No debemos mover a la víctima si no es necesario administrarle la RCP. La protegeremos en la medida de lo posible y le prestaremos atención, evaluando constantemente su estado, con la cadena de asistencia que ya conoces bien.
  • Si necesitamos practicar la RCP, moveremos a la víctima con la técnica de «rodar el tronco» que aprenderás en tu curso de primeros auxilios. Recuerda que será más eficiente y seguro si lo hacemos entre dos personas con la formación adecuada.
  • Lo primordial en este movimiento es mantener segura, sin torsión e idéntica a como se encontraba la víctima su zona cervical. Debemos realizar el movimiento de «rodar el tronco» manteniendo su cuerpo como una tabla, ya que no debemos influir un giro vertebral en su columna. Prestando atención especial a su zona cervical (cuello).
  • Recuerda que aunque la persona parezca estable debemos seguir evaluando continuamente mediante el ciclo de asistencia que has aprendido en tu curso de primeros auxilios.

Sospecharemos de posible lesión medular ante posibles accidentes de tráfico, electrocuciones, un rayo durante una tormenta eléctrica o en fuertes caídas; cuando la altura de la caída supera la altura de la víctima como en escaleras, andamios o similares.

Lo principal es no mover a la víctima si no es estrictamente necesario. ¿Cuándo es necesario? Si le debemos practicar RCP porque la víctima está inconsciente y no respira o cuando el entorno del escenario de emergencia es complicado y debamos mover a la víctima para proteger su vida.

Imaginemos que la víctima está en un lugar que pronto va a inundarse, dentro de un vehículo que puede estallar, en un lugar donde puede caer otro rayo, en una zona de altura donde no hay seguridad o en la cercanía a un fuego que se puede extender hacia donde estamos situados.

En estos casos o similares, debemos recordar la primera premisa antes de actuar: Proteger. Así que debemos mover a la víctima de la forma más segura y para ello será necesario la acción de dos personas, cuando sospechamos de lesión medular.

En estos dos vídeos vemos la gran importancia de estar más de una persona, para mover de forma segura a la posición decúbito prono. Observa que en el segundo vídeo, donde actúan más personas será mucho más probable no perjudicar al accidentado en caso de lesión medular. No obstante si la víctima necesita RCP debemos girarla, prestando mucha atención a su zona cervical.

Primer vídeo. Estamos solos:

Segundo vídeo. Somos más rescatadores

Con todo lo anterior bien claro, en cuanto a lo que se refiere a los primeros auxilios primarios, podemos pasar a analizar de forma organizada todo lo referente a los cuidados secundarios.