Técnicas de primeros auxilios secundarios

En este epígrafe vamos a tratar, de forma resumida y breve, las técnicas de primeros auxilios secundarios que aprenderás y practicarás con tus compañeros y tu instructor en tu curso de primeros auxilios.

Se trata de aprender a manejar situaciones más alejadas de la gravedad (a excepción de la situación de ahogamiento) pero que con nuestra actuación como socorristas mantendrán en mejor estado a la víctima hasta recibir la asistencia sanitaria profesional. Con estas técnicas evitaremos mayores complicaciones y facilitaremos a los sanitarios su asistencia. ¡Vamos a ello!

El vendaje

Practicarás a realizar vendajes en las extremidades con tus compañeros y compañeras de curso y con tu instructor. Realizar correctamente un vendaje no es tarea complicada pero si debemos recordar un par de aspectos.

Debemos conocer que las ventajas de aplicar esta técnica suelen ser dos. Por un lado nos sirven para comprimir heridas de modo que permiten el control y la disminución del sangrado. Por otro lado, al comprimir los vasos sanguíneos logramos una reducción de la inflamación en golpes y posibles fisuras óseas.

  • Debemos aplicar la presión adecuada a la hora de realizarlo. El vendaje debe ajustarse bien al miembro que estamos vendando y debe mantener una presión adecuada. Una presión adecuada no ha de ser excesiva y tiene que ser lo más uniforme posible a lo largo de todo el vendaje.
  • También hemos de recordar que el vendaje siempre irá de la zona más distal del miembro a la zona más central. Es la manera de favorecer el retorno venoso.

En estos vídeos puedes observar cómo practicarlos correctamente:

El vendaje circular, que nos servirá para sujetar apósitos en heridas, controlar sangrados y mantener gasas en curas en la frente o las extremidades del cuerpo.

En el siguiente vídeo podemos ver la aplicación de un vendaje en espiral, empleado también para contener gasas o apósitos, reducir la movilización de las articulaciones afectadas y sujetar férulas en las extremidades del cuerpo. Debemos intentar no cubrir nunca los dedos con este tipo de vendaje.

La inmovilización

Si nos encontramos con posibles fisuras, fracturas o dislocaciones en los miembros superiores y debamos trasladar a la víctima nosotros mismos a un hospital o centro de atención sanitaria profesional, podemos asegurarnos de que la persona afectada minimice la movilización del brazo.

Para ello podemos emplear la técnica del cabestrillo. Tendremos en cuenta los materiales de los que disponemos ya que lo podemos realizar con una venda, si todavía nos queda o podríamos utilizar cualquier elemento de trapo como un pañuelo grande, una camiseta o un pedazo de tela.

Si la lesión se encuentra en el brazo o el antebrazo de la persona afectada podríamos aplicar el cabestrillo que veremos en el siguiente vídeo:

Si nos encontramos, en cambio, ante una lesión en el hombro como podría ser una dislocación de la articulación sería mucho mejor aplicar un cabestrillo como nos muestra el siguiente vídeo. Veremos que la fijación de este tipo de cabestrillo asegura mucho más la inmovilización de esa articulación. No obstante si no disponemos del material, sigue siendo una buena práctica realizar el cabestrillo del vídeo anterior.

El entablillado ante una fractura

Ante lesiones basadas en fracturas óseas es muy conveniente entablillar la extremidad lesionada. Podemos practicar un leve vendaje con la ayuda de otra persona para asegurar la inmovilización total del miembro durante el proceso. El entablillado ante una fractura asegura la inmovilización total del miembro fracturado, disminuye el dolor y previene de lesiones peores como podría la afección de nervios, el corte de venas etc. No es una tarea difícil de realizar pero hemos de tener en cuenta algunas consideraciones:

  • Debemos entablillar con cualquier objeto liso, de la longitud adecuada y que sea lo más plano posible, ya que no debe rodar por el miembro lesionado.
  • A ser posible entablillaremos por los dos lados, que no comprometen la fractura (si es visible). Es decir, por los dos lados donde no detectemos el abultamiento que se produce.
  • Debemos colocar algún elemento de almohadillado debajo de las tablillas que vayamos a aplicar, si disponemos del material.
  • Aseguraremos el entablillado con un vendaje de sujeción del mismo.
  • Si la fractura es en los miembros inferiores y debemos trasladar a la víctima, debemos realizarlo con ayuda de una persona, al menos.

Podemos ver cómo entablillar una lesión en el siguiente vídeo:

La cura de una herida

Todos, en alguna ocasión de nuestra vida diaria hemos tenido que curar alguna herida leve a alguien o a nosotros mismos. Es una tarea sencilla y que en principio todos sabemos realizar. Pero depende de quién nos haya enseñado desde pequeños, depende de dónde lo vimos por primera vez y del tipo de cura con el que estamos familiarizados.

En realidad nos topamos con que si estamos cinco personas en la misma sala, muy probablemente cada una realizará la misma cura de forma diferente. Esto no debería ser así. Es una tarea sencilla pero está protocolizada y todos, a la hora de practicar una cura deberíamos hacerlo del mismo modo. Por ello es importante mantener los siguientes pasos:

  • En primer lugar debemos limpiar la herida. Si disponemos de suero, debemos echar un buen chorro de suero en esa herida, sin escatimar y repartiéndolo bien, durante unos segundos, por toda la piel afectada. Después si vemos restos de suciedad nos ayudaremos con una gasa, frotando la herida de adentro hacia afuera sin insistir para no llevar porquería de la zona circundante hacia la herida. Si no disponemos de suero para curar e incluso si lo tenemos, lo ideal es lavar bien la herida con agua tibia y jabón.
  • Aclarar la herida con agua dulce o suero, si disponemos de él.
  • Secar la herida con unas gasas estériles. Si no disponemos de ellas, nos podríamos servir con unos pañuelos limpios y nuevos de papel o papel higiénico de calidad. La herida se seca palpando la zona, con toques suaves. Nunca restregando ni manteniendo la gasa con presión.
  • Desinfectar la herida con povidona. Para ello se aplica una buena cantidad de povidona sobre la herida y se reparte bien con una gasa estéril desde el centro de la herida hacia el exterior (nunca al revés) y se termina extendiendo el resto de povidona por la zona circundante de la herida.
  • Aislar la herida. Nada más desinfectar la herida prima protegerla del exterior. Debemos colocar un apósito sobre la herida y si no disponemos de ello, cubrirlo con gasa estéril y sujetarla con un vendaje circular y en su defecto con unas tiras de cinta.

Como vemos es algo lógico y sencillo pero hemos de tener en cuenta los pasos anteriores y esas consideraciones. De este modo evitaremos realizar una cura incorrecta que, en ocasiones puede llegar a infectarla o puede dañar más a la persona afectada.

NO SE DEBE:

Aplicar directamente la povidona sin lavar y secar la herida. Debemos saber que lo principal en una cura es lavarla primero. Es más importante limpiar bien la herida y de hecho, si no disponemos de povidona, antes de poder disponer de ella la persona afectada nos acompañará con la herida lavada, aunque sólo sea con agua sino disponemos de jabón. Lo principal en una cura es el lavado de la herida.

Aplicar agua oxigenada o alcohol. Puede parecer ilógico pero todavía hay gente que usa estos dos elementos para curar y no son para ello. El alcohol desinfecta, pero no es un buen antiséptico y en una herida abierta puede ser muy doloroso, irrita la zona e incluso puede formar pequeños coágulos en los que se protejan los posibles patógenos contaminantes de la herida.

Por otro lado, el agua oxigenada sí es un buen antiséptico natural pero también daña células sanas, dificulta la acción de las plaquetas de la sangre y es por ello que la comunidad médica siempre nos lleva al punto uno: lo mejor agua y jabón.

Cubrir la herida directamente al no disponer de povidona.

No es correcto cubrir la herida sin haberla, al menos, limpiado. Es mejor que la herida esté al aire hasta que podamos limpiarla con agua y jabón y desinfectarla con la povidona. Si cubrimos una herida sin haberla limpiado podemos favorecer que se infecte con más facilidad ya que la humedad de la herida, las condiciones de no luz y de temperatura que se generan entre el apósito y la piel pueden jugar en nuestra contra.

Aplicar la povidona sin secar la herida previamente.

No es ningún fallo grave. Pero es adecuado secar la herida antes de aplicar la povidona para hacer más efectivo su efecto desinfectante y también favorecemos la actuación de tampón que tienen las plaquetas en nuestra sangre.

Dejar la cura «al aire» para que así seque y salga la costra antes.

Esto es algo solemos escuchar en muchas ocasiones. Pero no, no es cierto. Si disponemos del material adecuado para cubrir heridas, debemos taparlas en cuanto la cura esté finalizada. Dependiendo de la profundidad, gravedad y tamaño de la herida, unos cuantos día deberá ir tapada con un apósito nuevo tras cada cura. Hasta que el propio cuerpo genera su costra de protección, no debemos dejar nunca una herida al aire, ya que estaríamos favoreciendo su contaminación.

En esta entrada del blog podemos observar a dónde puede llegar una herida infectada, mal curada o expuesta al exterior. De ahí la importancia de realizar una buena cura.

Ahogamiento por atragantamiento

El atragantamiento en una persona ocurre más veces de lo que podamos imaginar y de hecho es una de las accidentes más comunes que requieren de estos primeros auxilios. Comida, objetos varios, chicles…

Para solucionar estas situaciones de atragantamiento aprenderás y practicarás sobre todo con lo que denominamos «la maniobra de Heimlich» en la que el instructor te guiará y que podemos visualizar en el siguiente vídeo. No obstante debemos tener las siguientes consideraciones ante un atragantamiento.

  • Ante una persona que se está atragantando con algo lo primero que debemos hacer es colocarnos detrás de ella y decirle que tosa fuerte. Si la persona puede toser porque el atragantamiento no es muy grave, será lo más efectivo para que pueda salir de esa situación de incomodidad.
  • Si el atragantamiento es más serio (el objeto o la comida están bloqueando la vía aérea bucal) la víctima no podrá toser. Lo normal es encontrarnos a la víctima llevando sus manos al cuello, muy asustada y quizás con la piel de la cara de color rojizo. Como estamos situados detrás de la víctima debemos aplicar tres a cinco palmadas fuertes, secas y continuadas entre sus dos omoplatos. En un buen porcentaje de ocasiones esta acción soluciona el atragantamiento. Podemos después indicar a la persona que tosa y si la situación se ha resuelto la víctima recupera la respiración normalmente y se relaja casi de forma instantánea.
  • Si no logramos solucionarlo de la forma anterior, debemos llamar a los servicios sanitarios. ¿Te acuerdas? ¡LLAMAR PRIMERO! y tendremos que aplicar la maniobra de Heimlich.
  • Debemos actuar rápido en los dos pasos anteriores ya que si la persona está demasiado tiempo sin poder respirar podría desmayarse y/o entrar en parada cardio-respiratoria. En cuyo caso debemos iniciar el protocolo de Primeros Auxilios de Emergencia Primarios.
  • Si la maniobra de Heimlich no resulta efectiva debemos alternar las palmadas en la espalda con la maniobra de Heimlich hasta tener asistencia profesional.
  • Si la víctima se desmaya o se encuentra tumbada en el suelo, debemos colocarnos sobre ella a horcajadas y seguir aplicando la maniobra de Heimlich desde el suelo hasta tener la asistencia de los servicios sanitarios.

Mejor que explicar cómo realizar dicha maniobra vamos a verlo, para que puedas recordarlo, en este vídeo de la mano de Cruz Roja:

El procedimiento en niños bebés es diferente y podemos verlo en este otro vídeo:

Ahogamiento por inmersión en medio acuático

Cuando se produce un ahogamiento por inmersión, como podría ocurrir en el buceo, nadando en el mar o en cualquier piscina debemos tener en cuenta un aspecto fundamental en el ciclo de asistencia que ya conoces.

En este caso siempre debemos aplicar dos respiraciones artificiales antes de iniciar las treinta compresiones torácicas. Ésto es así ya que desconocemos la cantidad de agua que la víctima ha podido tragar y tampoco conocemos el tiempo que ha transcurrido desde el ahogamiento hasta nuestra atención de primeros auxilios. De modo que damos preferencia a proporcionar oxígeno a la víctima, antes de iniciar las compresiones.

No olvides que tu curso de primeros auxilios de emergencia está relacionado y de hecho, es un requisito previo para el curso de buceo de nivel de rescate.